Me encuentro bastante triste por la partida del 2013, el cual fue mi mejor año por lejos. No solo por la parte deportiva en cual no solo me fue muy bien a diferencia del 2012, sino que también me fue muy bien en lo personal.

A fines de 2012 estaba en muy mal en todo sentido, pero como siempre pienso, en los peores momentos sale el mejor Anthony a relucir. Así mismo fue en esta oportunidad, con compañía de amigos y el apoyo de la familia creo que se puede salir de casi cualquier momento.

Fue así en este momento tan malo que me acorde de algo que me dijo un compañero de carreras: “En el momento en el que estaba más solo fue cuando más corrí”. Si bien yo no estaba en un momento de tanta soledad como él me contó en esa situación, sentía algo de eso.

De ese modo comencé a entrenarme, solo con el fin de empezar a sentirme mejor. Sin darme mucha cuenta estaba corriendo entre 20 y 30 km semanales, cuando a fines de 2012 podía correr mucho menos, mi estado era muy triste realmente.

Pensando en disfrutar.



Comenzado el 2013 ese era mi objetivo, disfrutar. Pasarla bien, sin mirar cronómetros, deleitarme en cada paso, si bien es algo que siempre supe hacer, lo había perdido durante el último año. Sin mucha consciencia entrenaba de una manera fuerte.

Me inscribí en la Adventure Race en Punta Ballena, por el simple hecho de que me encanta esa carrera, disfrutar de la playa y de los paisajes que regala todo ese trayecto de 21km, a pesar de lo duro que es correr en la arena durante muchos pasajes de la corrida. Como todos los años, aparte de terminar muy cansado, también lo disfrute, mucho más cuando me entere que finalice entre los 10 mejores.

Sin ninguna ambición.



En febrero se corría la 4ª edición de la Corrida Atlética Balneario Kiyú, siguiendo en el plan de pasarla bien, decidí ir en moto a modo de disfrutar el viaje de una manera distinta. Fueron casi 80 km muy desgastantes pero tirarse en la playa y ver la tranquilidad de ese lugar hizo valer la pena el desgaste.
Una hora antes de la carrera mientras todos los atletas calentaban yo estaba metido en el agua, sin interés de correr, a pesar de que ya estaba inscripto. Media hora antes de la carrera salí y me puse el short para correr. Alguien me dijo por ahí: “hoy es tu día, te podes meter entre los primeros”, yo conteste: “no me importa, además no estoy muy bien como para matarme corriendo hoy”, mis intenciones eran salir y ver qué pasaba, nada más.

A los pocos kilómetros de dada la largada, me encuentro solo en un primer puesto (bastante sorprendido por supuesto), pero pasados los 3km empecé a mentalizarme que podía ser un gran momento, que no debía desaprovechar. Mientras pasaban los kilómetros el agotamiento propio del agua sumado al del viaje en moto se empezaron a hacer sentir, pero para ese momento solo un atleta me acompañaba, con respecto a los demás había una diferencia considerable. Tan solo 2km de competencia quedaban para finalizar la carrera y esta persona (un gran atleta) me empezó a tirar frases de aliento para que no me quedará y con eso pude finalizar, está más que claro que me ganó pero yo estaba feliz que luego de 3 años volvía a un podio.

Que pase lo que tenga que pasar.



Ese era el pensamiento en el momento de inscribirme en el campeonato de la AAU, con la tristeza de que el año anterior, por primera vez en 7 años, no había alcanzado ni el trofeo estimulo que se le da a todos los atletas por correr un 80% de las etapas de este campeonato. Pero seguro de que era para seguir entrenando, ponerme mejor aún de lo que ya estaba y para viajar por el Uruguay como todos los años.

En la segunda fecha de este campeonato, en Villa Española, alcancé mi mejor marca en 10km, bajando por primera vez los 36 minutos, algo que algún momento me quito el sueño, pero que este momento no era así.
Cruzar la meta en 35 minutos y 38 segundos era algo que no me creía y mucho menos que en una carrera de 800 corredores yo había cruzado la meta noveno.

Con el correr de las fechas mi ritmo fue variando, siempre tiempos más alto de lo que había marcado en esa oportunidad.


En la salud y en la enfermedad.



Los insultos más grandes vienen de una madre desesperada cuando haces una locura. Obviamente me paso el día que en la 5ª etapa del Campeonato AAU, en Trinidad, competí en dicha oportunidad con fiebre. Me levante con muchos dolores, pero los oculte todos para que los familiares no lo notaran.
Claramente el rendimiento cuando uno se siente mal no es el mismo, pero sabía a lo que me exponía, también los riesgos que eso trae. Fue una de las dos peores carreras, pero igual la corrí, aunque después tuve que pasar unos días en cama obviamente. Terminamos en el hospital de Trinidad, pero no fue mi culpa, mi madre se cayó mientras corría y tuvimos que pasar unas horas allí.

No te abandono, vamos juntos.

Estando en la largada de la 9ª etapa del Campeonato AAU, en Sauce, un conocido me dice: “voy a correr con mi hermana así la ayudo a terminar la carrera bien”. Sin pensarlo bien, le dije: “te acompaño”. Así arrancamos y fuimos durante casi toda la carrera, era un paso muy tranquilo para mí, acostumbrado a ir mucho más fuerte en carrera, el punto es que en determinado momento el muchacho se cansó de llevar a la hermana y aceleró su ritmo. Ella al ver eso me dijo: “ándate tranquilo vos también, no te preocupes”, a lo que inmediatamente le contesté: “no, te acompaño hasta el final de la carrera”.
El punto es que termine la carrera con esta chica, fue la peor carrera del campeonato por lejos con un tiempo de 46:18, pero sé que hice lo correcto.
Con estas actitudes se notaba mi interés por el campeonato en este momento, me daba lo mismo ser el campeón que quedar último, lo lindo era seguir pasándola bien como hasta ahora.

Durante los próximos meses mi rendimiento en carrera fue normal, si bien fue excelente con respecto al del año anterior, solo era un poco mejor al de años anteriores.

Avísale que está entre los mejores.



Un día una persona amiga se me acerco para comentarme que estaba entre los 5 mejores de mi categoría, y que además estaba cerca del 3er puesto. Mi respuesta ante eso fue tan fría como contundente: “Esta bien, ¿y a mí que me importa?”. Obviamente esta persona quedo muy sorprendida, pero yo tenía todo claro en mi mente, disfrutar de cada paso ese era el objetivo.

El punto es que faltando tres fechas, por primera vez en todo el campeonato, me fije la clasificación y noté que estaba cuarto, con muchas posibilidades de quedar tercero. A cualquier persona cuando sabe que puede quedar ahí le empieza a picar la ambición, exactamente fue lo que me paso. El entrenamiento era con un objetivo claro, llegar a ese tercer puesto, no era una tarea fácil, pero intentarlo era interesante, me gustan los desafíos, es más fuerte que yo.

La primera de las tres carreras fue excelente, deje todo corriendo, casi dejo la vida también. Lo importante es que estaba con el objetivo claro y tenía las armas por lo menos para intentarlo. En la segunda también me fue excelente, sabía que estaba por el buen camino, pero antes de la última carrera volví a fijarme la clasificación y entendía que necesitaba un milagro para poder quedar tercero, eso no me iba a quitar las ganas de intentarlo al menos.

La revancha de Sauce.



En noviembre se hizo por primera vez en Sauce una carrera contra el Bullying (para los que no saben el bullying, es el maltrato físico, psicológico y/o verbal en entre estudiantes). Era una linda causa para sumarse y pasarla bien en el Parque Artigas de esta ciudad. Con un día feo y con un poco de lluvia, era más interesante quedarse en casa, hacer unas tortas fritas y tomar unos mates, pero como buen corredor igual fui un rato. Había varias categorías en esta carrera, pero particularmente las dos de más distancia (10 y 5 km) largaron juntas, el circuito era de 5km, por lo tanto los de 10km teníamos que hacer el recorrido dos veces. Varios corredores largaron en punta, un grupo de 6 o 7 personas adelante, a unos 30 metros acompañaba yo solo por detrás.

Me mantuve ahí durante toda la primera vuelta, al finalizar esa primera vuelta 5 de las personas que iban en esos primeros puestos concluyeron su carrera, por lo tanto corrían tan solo 5km, cuando mire hacia delante solo uno seguía corriendo. Sin darme mucha cuenta estaba segundo en esa competencia, a unos 50 metros iba esta persona que estaba primero, detrás había soledad, no estaba ni mi sombra y tampoco parecía arrimarse alguien a poco distancia.

Me relaje, sabía que al de adelante ni con una moto lo alcanzaba y atrás no aprecia nadie, hice los últimos 3km bastante tranquilo, pero con un ritmo constante.
Finalice esa carrera segundo y parecía que la vida me había recompensado por aquella vez que acompañe a aquella chica en la carrera de Sauce ese mismo año.

Colón descubrió que los milagros existen.



Llego la última fecha del campeonato AAU en esta oportunidad corrimos en el Barrio Colón. Como escribí anteriormente, necesitaba un milagro para lograr ese tercer puesto en mi categoría, igual estaba dispuesto a dar todo por las dudas de que eso pasará. La situación era que entre el corredor que se encontraba en tercer lugar y yo había una diferencia grandes de puntos, (para los que no conocen el sistema de puntos depende de la diferencia entre el tiempo de un corredor y otro, por lo tanto cuanto más diferencia hay entre que uno cruza la meta y la cruza el otro mayor es la diferencia de puntos). A pesar de esto di todo en la carrera y me fue muy bien, le gane al atleta que tenía ese tercer puesto, pero sin saber el resultado en la tabla de posiciones era consciente de que no había logrado la distancia necesaria como para obtener ese lugar de privilegio.

Con el pasar de los días me fije en la clasificación, esta me colocaba tercero y yo no entendía la razón. Pase varios días esperando que fuese un error en la empresa de cronometraje, tal vez un error con el chip o algo por el estilo.

Finalmente llegó el día de la premiación y yo obtuve mi tan anhelado tercer puesto en una categoría tan difícil como lo es la de 20 a 24 años, donde yo pienso que se encuentran los mejores corredores (tal vez no sea así). No solo eso sino que además me metí entre los mejores 15 corredores de este campeonato, algo que a principio de año era algo inesperado. Claramente no podía más de felicidad con todos estos logros.

Broche de oro para un año fantástico.



Con diciembre se vino el fin de semana de la Teletón, este año se organizó, por primera vez una carrera por la propia fundación en conjunto con la Agrupación de Atletas del Uruguay.

Días antes de esta carrera me quedé muy triste porque me había enterado no quedaban más cupos para la corrida, tenía muchas ganas de participar por el simple hecho de colaborar haciendo una de las cosas que más me gusta. Faltando dos días me avisaron que se ampliaron los cupos y salí corriendo a un Abitab a inscribirme. Ya estaba dentro de la carrera, contento porque estaba colaborando de la manera que me encantaba. Ese día 2500 personas se hicieron presentes para correr y si bien solo quedó para la estadística yo fui el tercero entre tantas personas, cruzar la meta en un lugar de privilegio y además ayudar es algo que no se puede describir.

Al otro día, el grupo de corredores Ruteros 60, hicieron su clásica despedida del año, en el parque Rivera. Una carrera recreativa, la cual se usa como regenerativo de la San Felipe y Santiago que se hace el día anterior, pero también reparten trofeos a los primeros, por si alguien quiere competir. Caí muy temprano con ansiedad y ganas de correr un rato, tal vez me podía hacer con uno de esos trofeos pensaba.

Unas 40 personas se hicieron presente ese día, antes de la largada uno de los corredores, me agarro y me dijo: “como sé que vas a ir primero te voy a explicar por dónde es el circuito”. Quedé muy asombrado pensando en la confianza que me tenían para que quedará primero. Luego de la charla instructiva, se largó la carrera, efectivamente iba primero en solitario, tal cual me había dicho este corredor.
Crucé la meta primero, por primera vez en mi vida iba a recibir un trofeo por un primer puesto, pero no era la primera vez que quedaba primero en una carrera.

Al momento de subir al podio, el cual es el tronco de un árbol que está cortado hace años, me describieron con palabras tan lindas y maravillosas que parecían que estaban hablando de otra persona, pero no… Al final de ese gran discurso, la persona que estaba dando nos premios dijo: “el primer puesto es para Anthony Daher” y en ese momento mi cara entera era una sonrisa. Es ese momento con que uno sueña, estar en lo más alto, ser el número 1, aunque no sea la mejor carrera del mundo ni siquiera del país. Hoy estoy muy feliz porque al menos una vez crucé la meta primero y puedo decir una vez gané una carrera.

Tal vez algunos dirán que me conformo con poco, yo siempre priorizo a la gente antes que a una empresa. Por eso cuando elijo una carrera a la cual participar, tal vez voy a una carrera en un pueblo que nadie conoce, o es organizada por un grupo de corredores, en un parque, en la rambla (la cual muchas veces es gratis) antes que ir a una carrera multitudinaria organizada por una empresa deportiva que solo piensa en ganar dinero (la cual sale casi siempre entre $350 y $700).

Pero esto no era lo importante, sino hacer un resumen de lo bien que me fue en el año pasado (solo en las carreras).

Si el 2014 llega a ser igual o mejor que el 2013 va a ser un año excelente nuevamente.



Anthony Daher

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