En marzo del 2010 la conocí, desde que la vi me fascino por su belleza única, tiene un algo inexplicable que me atrae muchísimo, me enamoré de ella inmediatamente.
Al siguiente año continuaba mi amor por ella, pero por distintas razones y por ya conocerla, no la disfrute tanto como el anterior año, pero de todos modos es algo muy lindo verla y disfrutarla.
Mientras que en 2012 no nos vimos, este año, para ser más preciso, este fin de semana pasado nos volvimos a reencontrar. Seguía tan preciosa como siempre, muy cuidada e inigualable. Ella que cualquiera podría haber pensado que era una mujer, es la ciudad de Mercedes.

Es que el domingo pasado se realizó una nueva etapa de la AAU, en la ciudad anteriormente nombrada. Esta fue la tercera fecha del campeonato la cual contó con cerca de 1000 personas participando.

Salimos a las 6 de la mañana el domingo con miras de participar, en esta etapa de la AAU, pero no siempre las cosas salen como uno se lo espera.  Yendo en el auto con Bernardo y mi madre, sin prisa pero sin pausa, el mismo empezó a presentar problemas lo cual nos generó un gran contratiempo a la altura del km 102, justo a la entrada de Ecilda Paullier. Sin mucho que hacer se tomó la decisión de llamar al auxilio mecánico.
Minutos después, con termo y mate debajo del brazo aparece un hombre el cual se ofrece a ayudarnos. Nos dice que vive cerca y puede traer algunas herramientas, las cuales trajo 10 o 15 minutos después. Con el problema solucionado y antes de arrancar le preguntamos el nombre, a lo cual el hombre respondió: “Me llamo Durán”. Un gran gesto de este hombre, el cual nos ofreció su asistencia sin pedir nada a cambio.

Con un gran retraso parecía imposible llegar en hora para la carrera, a lo cual Bernardo en la conducción del auto trato de pisar a fondo, pero a sí mismo era muy difícil llegar en hora. A lo cual saque a relucir algo que me enseño mi padre cuando comencé a correr y le dije: “No se vos, pero para mí correr solo es la excusa perfecta para salir a pasear los fines de semana”. A si mismo intento llegar de todos modos en hora, lo cual es entendible, no es lindo hacer 278km para correr y quedarse con las ganas.

Cuando llegamos, la carrera había comenzado hace mucho tiempo, con lo cual lo imposible se confirmaba. Bernardo y mamá salieron a correr por ahí de todos modos, a lo que no los acompañe solo me dediqué a pasear y disfrutar de la belleza de la ciudad. Finalmente Bernardo no corrió tanto como quería y luego de que nos encontramos salí a correr con el por ahí. En ese trote que salimos entramos a la Isla del Puerto, un lugar maravilloso al cual no había ido en mis anteriores visitas.

Luego de correr, decidimos ir a comer a una parrillada la cual se encontraba en el centro de esta isla. Ya sentados en la mesa, con el pedido realizado, se nos acerca un hombre el cual dice: “Ustedes no son de aquí ¿No?”.  Le comentamos que somos de Montevideo, que fuimos por la carrera, a la cual desafortunadamente no habíamos llegado en hora.
Con el pasar de los minutos se hizo una agradable charla con este señor, el cual nos contó que es motoquero y tras esto nos comentó sobre miles de anécdotas relacionadas con esto.  Al fin de la charla, la cual habrá durado más de 45 minutos, nos recomendó lugares los cual visitar luego del almuerzo y además me pidió que si volvía a Mercedes en algún momento, que lo buscará para así mostrarme mucho mas de la ciudad.

Los lugares que nos recomendó eran, El Castillo Mauá (el cual es usado como Museo Paleontológico) y el Zoológico el cual se encuentran en el mismo predio. Nos quedamos maravillados con ambas cosas las cuales son súper disfrutables y aumentaban muchísimo más mi amor por esta ciudad.

Finalmente emprendimos el regreso luego de un día con un excelente paseo, en el cual si hubiésemos participado de la carrera, con el agotamiento pos carrera volvíamos enseguida como pasa en casi todas las carreras, por lo cual me quedó clarísimo que… No hay mal que por bien no venga.
 
Anthony Daher